
Avizorarte distante me produce un dejo de melancolía, de esos que solo las noches alquiladas saben aplacar, es sensible a las luces rojas de los burdeles y al oleaje de tu mar maldito, esclavo del azar.
Venus cualquiera, cría del pavimento, prostituta de ciudad ¿Por qué no adiestras tus labios secos en el arte de besar? Ya no ondees tus caderas cual banderas porque tientas mi cordura… ¡Y si te vas! Esconde los huesos de tus manos tras caricias escuetas y vacías de esas que solo vendes y no sabes dar.
Si sigues siendo el mismo desastre de mujer, ese caso perdido del que me enamoré…Regresa a jugar a los necios en este cuarto de hotel. Tiéntame Mengana, tientamé.