
Me posé sobre las alas de una mosca cierta vez, me hipnotizó con sus colores tornasol hasta perder la noción del tiempo, al percatarme, era tarde…Mis pies no tocaban el suelo y nos elevábamos como en un torbellino de ensueño sobre las copas de los árboles y las calles de mi infancia. Sobrevolamos islas con formas de tortuga, peñascos y valles de hadas, bosques donde habitan gigantes y playas de arenas blancas, descanso de piratas tuertos y sirenas varadas.
La brisa matinal dibujó sobre mi cara un rubor indeleble, el rocío perfumó mis entrañas y las ramas secas jugaron con mi pelo entusiastas. El viento susurró mi nombre mientras comía ambrosía en el Olimpo, fabriqué nubes con Zeus cuando las ninfas cantaban y reí…Reí de los chistes de Dios sentada en el portón del cielo hasta que la añoranza de tus ojos cafés me regresó a mi pupitre del 503 y desperté de esa vida real en la que me embarqué para regresar a la utopia de ti, el de los ojos cafés.